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lunes, 13 de octubre de 2014

OTRO MODELO DE GESTIÓN





"EL ÉXITO ES EL DESTINO, PERO TAMBIÉN ES UN VIAJE. EL CAMINO ES TAN IMPORTANTE COMO LA META".
ARTHUR ASHE

Un grupo de ex alumnos de Imagen y Sonido del Centro Público I.E.S Pradolongo en el madrileño barrio de Usera, decidieron unirse un día para sacar adelante un proyecto conjunto: rodar un largometraje.
Muchos de ellos ni siquiera se conocían, porque eran de distintas promociones, pero todos tenían en común haber estudiado con el mismo profesor: el director de cine Roberto Lázaro. Así que le propusieron que dirigiera la película. Eligieron un guión sencillo que había escrito el propio Roberto con Miguel Muñoz –otro ex alumno– y decidieron sacar el proyecto adelante.
Como ninguno tenía experiencia previa, salvo el director, acordaron pedir ayuda a afamados profesionales del cine en las diferentes áreas, porque a través de Roberto podrían conseguir que asesoraran como jefes de cada equipo, pero teniendo claro que el trabajo de campo lo harían los propios alumnos.
El gran problema existía en la financiación, pero entre todos idearon una formula factible para llevarla a cabo. Nadie tendría que dejar su trabajo habitual ni postergarlo. Para ello tuvieron que adaptar el rodaje a un horario que todos pudieran cumplir. Una semana al mes les pareció que se ajustaba a lo que cada uno podía ofrecer al proyecto, y se pusieron manos a la obra. En seis meses tendrían la película terminada y sería fácilmente asumible por todos.
Se pusieron de acuerdo en un sueldo digno –basado en los diferentes convenios colectivos–, pero donde todo el mundo cobrara lo mismo, desde el director de la película hasta los auxiliares, pasando por los actores y actrices –que para elegirlos se hizo una audición donde se pudo conseguir a todo el reparto, entre la multitud de fantásticos actores y actrices españoles que sin ser famosos, son tan extraordinarios o más que los artistas mediáticos–.
Cuando marcaron dicho salario, concluyeron dividirlo en tres partes: la primera se donaría a la producción, la segunda se cobraría cuando pagaran patrocinios o subvenciones, y la tercera cuando se estrenara la película. De esta manera todo el equipo se implicaría en una gran cooperativa, donde cada uno dona una parte de su trabajo, pero a la vez, todos cobran un sueldo con sus consiguientes altas y bajas en la seguridad social. De esta manera se dignifica la profesión cinematográfica, dando a la opinión pública herramientas para que entiendan que el cine también es una industria donde trabaja mucha gente de todas las condiciones sociales, y que pirateando, lo único que se consigue es que todas esas familias pierdan sus trabajos.
Con este nuevo tipo de financiación, se fomenta el trabajo en equipo y la idea de que todo el mundo tiene derecho a tener un trabajo digno y remunerado, y así se deja de relegar la cultura a la categoría de hobby, pudiendo exigir esa profesionalidad a cualquiera de sus miembros, de la misma manera que sucede en el sector de la salud o la política, por poner un ejemplo.
Como desde la propia Secretaría de Estado de la cultura en nuestro país, se transmite la idea que el cine es simple entretenimiento, y por tanto tiene que llevar un 21% de IVA como si se tratara de un artículo de lujo, nosotros la gente del espectáculo seguimos defendiendo la idea que el cine es cultura por su simple definición:
Las películas son una vía para dar a conocer un país: sus gentes, paisajes y costumbres. Una manera de hablar de lo que nos preocupa, contar los miedos y compartir las alegrías, utilizando nuestro particular sentido del humor o dramatismo para llevarlo a cabo. De esta manera se da una imagen al exterior sobre cómo somos en realidad o cómo nos gustaría que nos vieran. Es una forma de mostrarnos a nosotros mismos frente al mundo, y esta imagen quedará plasmada para la posteridad como la seña de identidad de una época concreta en un país determinado.

Como cualquier película tiene unos gastos imprescindibles –más allá de aquellos que se puedan sufragar con el trabajo desinteresado del personal que lo forma–, había que poner un pequeño sueldo simbólico para 20 personas, su correspondiente pago de cotización en los Seguros Sociales, viajes a las localizaciones, gasolinas, alquiler de furgoneta, cámara, iluminación, comidas, discos duros, estudios de sonorización y mezclas de músicas, copias de la película, promoción y publicidad para el estreno, seguros de responsabilidad civil, tasas de rodaje al Ayto. de Madrid, alquiler de equipos profesionales, etc. Pues para poder asumir en parte algunos de estos gastos, se les ocurrieron diferentes vías: una de ellas fue que la gente pudiera aportar su granito de arena y formar parte de esta maravillosa aventura.
Formaron un Crowdfunding en donde desde cinco euros podrías ser parte de la producción de la película, hasta quinientos euros con los que conseguirías ser socio del film.

La experiencia está en marcha y ya se ha empezado a rodar en abril de este año. La película se llama Sanfelices y haciendo honor a su título todos los que allí trabajan se sienten felices de poder colaborar en una producción única, que saben será la primera de una larga lista de proyectos que se gestionen de esta manera.
Cuando no hay alternativa, la vida encuentra el camino.



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