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lunes, 17 de noviembre de 2014

¿PARQUE TEMÁTICO?




El centro histórico de Cartagena de Indias se ha convertido en un parque temático que mira única y exclusivamente a su turismo. Los precios son desorbitados –una cerveza 4€–, y eso hace que los cartageneros no puedan disfrutar de su maravillosa ciudad colonial, salvo haciendo botellón por sus calles –actividad permitida en todo Cartagena–. 

El gobierno no cobra impuestos a los comerciantes que se encargan de mantener en perfecto estado de revista sus fachadas, encalándolas o pintándolas en vivos colores, consiguiendo de esta forma que las calles estén impolutas y que todo parezca un decorado de película.
Esta ciudad amurallada es patrimonio de la humanidad, y prácticamente nadie puede permitirse vivir allí, salvo Enrique Iglesias –bastante querido de sus convecinos, por cierto– y algún que otro adinerado personaje más. Los edificios y conventos coloniales albergan hoteles de lujo y universidades públicas. El resto son restaurantes, tiendas y cajas de cambio que ayudan a pasar unos días maravillosos a cualquier curioso que se acerca por allí.

 Los cartageneros trabajan en la ciudad amurallada para dar servicio a los miles de extranjeros que diariamente llegan de todas partes del mundo. Sus trabajos son de: guías, tenderos, puestos ambulantes, vendedores de minutos –personas que alquilan su móvil por llamadas– conductores de coches de caballos y todo tipo de ofrecimientos callejeros que se te puedan ocurrir. Existen hasta seis estratos sociales entre la población, y estos no se mezclan entre si. Viven en barrios bien diferenciados, donde si no viajas en un autobús regular –las chivas han quedado sólo para el turismo–, puede que nunca sepas que existen.
La Matuna es un barrio pegado a la ciudad amurallada pero al estar extramuros ya se hace visible el tipo de vida y lugares que frecuentan los propios cartageneros. 
 Getsemaní, separado del casco histórico por el Parque del Centenario, es su prolongación. Aunque se encuentra ubicado fuera de la ciudad amurallada se considera también parte del centro. Este es un barrio bohemio y de artistas donde las fachadas sirven de lienzo para dibujos y trampantojos que hacen las delicias del visitante. Por la noche la Plaza de la Trinidad es el lugar perfecto para salir a cenar y tomar una copa, donde además de compartir calles y restaurantes con los turistas, también es lugar de encuentro para jóvenes cartageneros que salen a disfrutar de su ciudad. Cientos de personas se dan cita en el centro cultural auto gestionado Ciudad Móvil, un recinto donde se puede comer, tomar copas, bailar o asistir a un evento musical o teatral. Pues dispone de espacio multiusos y jardín, donde a la brisa de la noche se puede escuchar buena música en vivo, de cualquier rincón del mundo. Una selecta programación cultural hecha por los socios/gestores que ponen a disposición del público algo diferente para las noches cartageneras. 

En el barrio de Manga viven lo que podría considerarse en España la clase media. Esta isla comunicada por puentes con el resto de la ciudad está llena de pisos y urbanizaciones donde las casas de varias plantas, adosadas a otras son la tónica general. En este lugar está el paseo marítimo y puerto deportivo, pero la mayor parte es de uso privado y se encuentra cerrado al público. Así que su disfrute como en casi toda Cartagena, es sólo para unos pocos.

Crespo es una zona cercana al aeropuerto, con casas unifamiliares y algún bloque de apartamentos construido a lo largo de la Avenida de Santander –mítico malecón, cerrado por obras–. Sus vistas al mar y su gigantesca playa –punto esencial de este barrio residencial ahora decadente–, desaparecerán a la finalización del proyecto de construcción del puente y túnel para tráfico rodado, dejando al barrio aislado y separado del mar.
El Cerro de la Popa, es un monte con un convento en su cima desde donde se tienen las mejores vistas de Cartagena de Indias. A su pie se haya un barrio deprimido de gente humilde, donde una familia de actores colombianos llevan la educación cultural de la zona. Ellos han conseguido abrir Caza Teatro. 

Una sala alternativa de teatro con la que dan cabida a sus propias funciones y la posibilidad de que otras compañías autóctonas y foráneas se den a conocer. Los viernes programan cine y los sábados teatro, después de cada sesión se abre un foro de preguntas y respuestas. Esta sala acogió mi monólogo MISS TUPPER SEX, el sábado 6 de noviembre del 2014. A día de hoy, se pueden comprar allí los libros del espectáculo, dando facilidad a la difusión de la cultura local y extranjera.

Bocagrande, edificado al estilo de Benidorm en España, es una inmensa playa en donde se han construido torres altísimas para albergar hoteles y resorts multinacionales. Aparte de los turistas, allí se han afincado los extranjeros propietarios de restaurantes u otro tipo de negocios enfocados de cara al turismo.
En esta ciudad de contrastes, se hayan las mejores playas del mundo: Playa Blanca en la isla Barú es un claro ejemplo de la finísima arena en el mar Caribe. A esta playa llegan miles de turistas diariamente por medio de botes y lanchas motoras que se contratan en el propio puerto de la cuidad amurallada. A mitad de camino, en la inmensidad del océano hacen un alto los barcos para dejar que los vendedores de ceviche u otras formas de hacer el pescado, puedan ofrecérselo directamente a los turistas en alta mar. 

Al llegar a la finísima arena, una fila inmensa de carpas de plástico para quitar el sol, te está esperando. En segunda línea, los restaurantes/merenderos son el lugar perfecto para comer el pescado del día. Tan sólo una línea más, separa los restaurantes de la extrema pobreza donde viven todos los cartageneros del estrato social más bajo. Su trabajo diario consiste en acosar al turista, como si de una hucha con patas se tratara. Te pueden pedir 10€ por un masaje o por venderte un sombrero, un pareo, artesanía local, una bebida, fruta, jugos, comida, etc. Incluso utilizar los aseos cuesta unas monedas.

La única manera de poder disfrutar de este tipo de playas paradisiacas llenas de palmeras, es ir a las Islas del Rosario, en donde se han edificado los hoteles de súper lujo, aunque tan sólo el turismo adinerado puede llegar hasta allí. 

La otra opción es la Playa de La Boquilla, dentro de la misma ciudad y frecuentada por los propios colombianos, los cuales no necesitan una playa tan fina ni un mar tan cristalino, para disfrutar de la belleza natural que tiene esta ciudad. Porque es igual de agradable el baño y el sol, pudiendo también negociar el pescado del día que te vas a comer.

Al norte de la ciudad están construyendo un complejo de súper lujo; Barcelona de Indias, para que los multimillonarios puedan tener aquí sus mansiones rodeadas de parques y con vistas al mar a tan sólo veinte minutos del casco histórico y lindando con una de las zonas más pobres de Cartagena de Indias.
Así es esta ciudad, hecha para los que tienen plata, mientras que a sus verdaderos dueños sólo se les permite soñar que algún día puedan disfrutarla.


¿Qué otras ciudades piensas que son como un parque temático?