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lunes, 16 de junio de 2014

PAREJAS, PAREJAS, PAREJAS



Parejas de todas las clases, de todos los tipos y colores. Parejas que se aman o que han dejado de amarse. Parejas que aún no saben que son pareja, o parejas que les gustaría serlo. Parejas de homosexuales, heterosexuales, o heteroflexibles. Parejas en definitiva que se quieren disfrutar, compartir o tener un proyecto de vida. Y es que ¿Qué tiene el estar emparejado que a todos nos hace sucumbir?
Hablaré de las que conozco, de lo cercano, de mis amigos, de mis amigas, de mis conocidos y de las que me han contado. Hablaré de la infinidad de clases de parejas que existen hoy en día. Y para ello no es necesario irme muy lejos; porque ayer mismo celebraba yo mi aniversario con un grupo reducido de amigos y amigas, donde cada cual tenía un tipo de pareja distinta:
Estaba la amiga que vive sola y suele tener amantes, que en este momento tiene un amor fijo discontinuo pero prefiere venir a la fiesta desparejada por el terror que le genera el compromiso. Sin embargo su mejor amiga rompió con la pareja que tenía hace ya más de cinco años y se muere por volver a tener una relación estable, aunque ahora mismo esté fantaseando con otra mujer. Una actriz amiga de ambas se marchó al extranjero siguiendo al amor de su vida –veinte años mayor que ella– para casarse en breve. Ha pasado de ser una profesional en activo, a convertirse en la pareja de alguien. ¿Será otro ejemplar perdido para la causa feminista?
También estaba el típico solterón de oro con cuarenta años de edad, que se jactaba de no tener nada pendiente con su lista de amantes. Nos quedamos perplejas las presentes, nos llegó al alma semejante declaración. Pues cada una de nosotras podría presentar un pequeña o gran lista –dependiendo de cuanto fuera capaz de reconocerse a si misma– de casos sin resolver. Este amigo tan aclamado, ahora tiene una relación con una chica de veinticinco años –edad habitual en sus parejas–  y confiesa haberle llegado el momento de sentar la cabeza. En este instante le ha dado por formar una familia, con casa, hijos y demás, porque no quiere esperar tiempo y convertirse en un padre con edad de ser abuelo. ¿Habrá elegido a una incauta para conseguirlo y luego volverá a las andadas, o realmente está cansado de su vida anterior y será capaz de morir con su recién encontrado amorcito?
No podía faltar la amiga recién separada y con hijo pequeño intentando encontrarse a si misma. Aseguraba que en su lista de amantes pendientes, en muchas ocasiones se atrevió a tomar la iniciativa, siendo desdeñada por el opuesto –felizmente no en todos los casos– y señalada con el dedo desde ese momento por semejante atrevimiento. ¿Qué tienen los tíos cuando aseguran cerrar su círculo pendiente, que en nosotras no está tan bien visto?
También estaba el matrimonio en crisis que tras llevar más de diez años de relación –entre viviendo en casas separadas, casa conjunta y casándose con posterioridad para comprar nueva casa– se preguntaban si merecía la pena seguir compartiendo su futuro juntos. Aunque los dos fueran reincidentes o quizá por eso, pues cada uno por separado ya contaba en su haber con una nupcia anterior.
Y cómo no, el amigo que recupera un amor de juventud –aunque a estas alturas, ella ya está más que casada y con hijos en edad de estar emparejados–, atado de pies y manos ante semejante situación sin saber si dar más pasos o quedarse anclado para siempre. Enamorado hasta las trancas del morbo que genera lo prohibido, máxime si el marido de la amada es un colega de la infancia.
Estuvo también la amiga que crió a su hijo sola porque su pareja se dio a la fuga cuando esta estaba embarazada. Ahora con el hijo adolescente e imposible, se ha liado la manta a la cabeza con un divorciado que aporta otro chaval a la relación. Comparten vida entre ciudades distintas. No solo “tú en tu casa y yo en la mía” sino que cada vez que nos queramos ver, alguno de los dos tendrá que coger el tren.
Pasaba por allí el amigo seductor, que ya tiene una nueva relación y desde el minuto cero están viviendo juntos. Para ahorrarse así los gastos e incomodidades que genera el vivir solo o el compartir piso con otros compañeros. ¿Será esta chica la definitiva, o ella terminará dándose cuenta del dinero y disgustos que le cuesta tener un novio guapo, y decidirá soltar lastre mandándolo a tomar vientos no ha mucho tardar?
Se marchó temprano la artista que prefirió comer con su madre. Ella tiene un planteamiento de vida tan conservador que no encuentra novio, porque desde el principio de la relación, les plantea su necesidad de llevar a cabo una boda por todo lo alto, en la iglesia, con luna de miel, hipoteca y todo un futuro lleno de niños. De esa manera consigue que cualquier hombre que se le acerque, tras comprobar la manera tan naif con que le han expuesto el resto de su vida en cuestión de segundos, salga corriendo que se mata, sin mirar atrás ni para coger aliento.
Y qué me dices del amigo que prefirió no venir porque andaba desestabilizado. Pues acababa de romper por enésima vez con una relación tóxica que le viene atenazando desde las primeras miradas que se echaron mutuamente. Obligándose incluso a llevar a cabo varias mudanzas, tras cortar y volver a reanudar su convivencia en alrededor de un millar de ocasiones, por cada vez  en que decidieron unir o separar sus vidas. ¡Con lo que desequilibra el cambiar de casa y estado civil al mismo tiempo!
Y por supuesto el matrimonio que a pesar de llevar varios años viviendo juntos –en pecado al principio pero boda posterior–, con un hijo en común y una hija que aportó ella de una relación anterior, se siguen amando como el primer día y son la envidia de todos los presentes, por ser la prueba viviente de que aún quedan parejas que funcionan de verdad.
También estaba la escritora que recuperó a un antiguo ex y se marcha con él a un país nórdico para vivir juntos. Huyendo del desahucio que le ha proporcionado su vida anterior, con un marido que dejó de pagar la hipoteca y por consiguiente el banco les quitó la casa común y aún así, siguen debiendo a la entidad una ristra de millones.
Y por último el amigo entrado en años pero que sigue esperando a la pareja de sus sueños. A pesar de haber estado casado y con una hija del matrimonio, viviendo como pareja de hecho con otra mujer profesional y maravillosa, a la que terminó poniendo los cuernos con una chica que finalmente le abandonó por un africano, del cual tiene ahora un hijo precioso y tostado. Posteriormente mi amigo, tuvo varias relaciones superpuestas, porque reconoce no haberse vuelto a enamorar. Por fin encontró una mujer de armas tomar que realmente le gustó, pero no se atrevió a empezar nada –a pesar que ella dio el primer paso– porque sintió que le podría manejar y reconoció preferir a alguien menos inteligente y que no le supere profesionalmente.
¡Ah se me olvidaba! La amiga que harta de discutir con su segunda pareja –tras haberse separado del padre de sus hijos– decide irse a vivir a un apartamento sola y asegura que lleva seis años en esta situación, siendo ahora mismo el momento idílico de su relación en la que no sólo no discuten sino que además follan más y mejor. ¿Vivir en casas separadas será la clave para tener un pareja para toda la vida?
Y aún así todos y todas continúan buscando pareja, porque se sigue añorando la etapa del enamoramiento donde lo único que piensas es en la persona amada y en practicar sexo con ella. Pero en cuanto la pareja cohabita, el sexo desaparece. Sin embargo las estadísticas dicen que sólo en España hay 68.400 bodas al año. ¿Porqué se sigue casando la gente?

No hay que desesperar, tanto si se quiere tener pareja como si no, porque la vida cambia a cada segundo y quien pretenda obviarlo pensando tener todo controlado, esperando que no haya el más mínimo cambio en su futuro: está muerto.

¿Te sientes identificado en alguna de estas parejas?