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lunes, 1 de septiembre de 2014

CONTRAPLANO


En la terminología cinematográfica, la otra cara de la moneda se llama contraplano.
Estamos muy acostumbrados –en la vida en general– a ver únicamente lo que se nos muestra y por tanto la mayoría de nosotros no solemos reparar en la otra visión de las cosas. En una película vemos el plano del protagonista contando la historia, cuando de pronto la cámara se gira y aparece el antagonista reaccionando. Ese es el contraplano, y al igual que en el cine, todo tiene su otro lado.  
En el caso de un festival rural, donde se implica un pueblo entero, el contraplano son seres humanos llenos de ilusión que trabajan durante todo el año para preparar la festividad de esos cuatro días tan especiales, en los que se vuelcan por atender al público de la mejor manera posible. Suelen ser negocios familiares (PIMES), las empresas que hace varias décadas ayudaron a nuestro país a elevar la clase media al pódium del progreso.
En Frigiliana durante el festival, toda la familia trabaja codo con codo, incluyendo los niños que crean sus propios puestos ambulantes de productos artesanos y caseros. Los horarios desaparecen y de la mañana a la noche todo se hace por y para el visitante.
Un año más el Festival Frigiliana 3 Culturas (va por la novena edición) está lleno de música, baile, talleres, cuentacuentos, títeres, pasacalles… para deleitar al público prácticamente las veinticuatro horas del día. Lo que cambia cada año son las actuaciones y los nuevos espectadores, el resto son siempre los mismos. Los niños del pueblo van creciendo y los que empezaron vendiendo tarros de mermelada fabricada en casa en el portal de su vivienda, ahora colaboran con sus padres en el restaurante familiar o en la tienda de ultramarinos, porque toda ayuda es poca.
Los días previos al chupinazo de salida, el pueblo entero encala sus fachadas, colocando después, plantas y flores en aceras y portales. El caminante agradece este gesto cuando disfruta del paseo por un pueblo tan limpio que recuerda a los parques temáticos fabricados artificialmente para el turismo.
Los negocios preparan la faena semanas antes del festival, para que todo esté listo llegado el momento y así puedan ayudar al visitante de Frigiliana a que tenga un buen lugar donde descansar y reponer fuerzas tras cada actividad de las 3 Culturas. Que su estancia se convierta en inolvidable es la mayor aspiración de todos los frigilianenses o aguanosos, como también se les conoce debido a los jugosos frutos que cultivan. Alrededor de 18.000 personas se acercan cada año al festival y hay que darles buen trato, cobijo y comida para que vuelvan en la próxima edición. Este es el secreto de Frigiliana: sus gentes.
En el negocio de la hostelería hay varios lugares donde hospedarse: un hotel, hostales de agroturismo, unos cuantos cortijos y hasta casas particulares que se prestan a albergar no sólo a los visitantes, si no también a feriantes, artistas, y gente de la producción que se desplazan de toda España, para poner en funcionamiento el engranaje de un festival que ya se ha convertido en uno de los clásicos.


Buen lugar donde pernoctar es la Hospedería El Caravansar, antiguo granero convertido en alojamiento rural con encanto. Está administrado por un matrimonio, de los del pueblo de toda la vida, que en tiempos de crisis decidieron cambiar el negocio de la construcción por el de la hostelería, regentándolo ellos mismos y resultando un negocio familiar muy agradable en pleno centro del pueblo. Sus propietarios se desviven para que a los clientes no les falte de nada y lleguen a sentirse como en su propia casa.

Cada mañana y tras el desayuno restaurador apetece un paseo por el intrincadas calles del pueblo, haciendo parada en puestos y tiendas para comprar algún que otro souvenir que poder llevarte de vuelta a casa, y así recordar Frigiliana hasta el próximo año.



Detenerte en la tienda de artesanía Azahar es maravilloso, pues entre sus cachivaches se puede apreciar el ejemplo de convivencia que tuvieron en tiempos: judíos, moros y cristianos. Aquí encontrarás todo tipo de artesanía de las tres culturas traída desde sus países de origen, evocando lugares lejanos donde perderte. Artículos de decoración, muebles y objetos antiguos son la clave de este lugar. Ana es la dueña, una mujer de mediana edad que decidió abrir esta tienda hace ya varios años, siendo pionera en traer la decoración típica de Frigiliana: recipientes morunos para velas colgantes.


 Tras el paseo y para recobrar fuerzas, un buen lugar donde comer y en el que la brisa aparece, debido a su enclave privilegiado en la plaza principal, es el Restaurante Sal y Pimienta dirigido por un matrimonio polaco que atravesando Alemania de este a oeste, decidieron afincarse en Frigiliana debido al clima y a la buena acogida que tuvieron por parte de la gente del pueblo. Los fogones con especialidad en cocina polaca corren a cargo de la madre de ella y el resultado es una comida casera diferente a buen precio y con un trato inmejorable.


Ya por la tarde para huir de los calores del sur, qué mejor que probar la exquisita cerveza artesanal Axarca, fabricada en el mismo pueblo de Frigiliana por una pareja que emigraron de Madrid y decidieron gastar todos sus ahorros en abrir una micro-cervecería, tan de moda en los últimos tiempos. La Domadora y el León es cómo se llama su bar/bodega y aseguran que una vez pruebas una cerveza artesanal, ya nunca más podrás degustar otra industrial. Y es que al producir pequeñas cantidades se pone especial esmero en su elaboración pero sobre todo en la utilización de ingredientes de primera calidad. Además durante el festival ofrecieron un taller sobre cómo fabricar cerveza. La mejor manera de crear adeptos a la micro-cervecería es dándola a catar y aprender a elaborarla, para más tarde poder beber tu propia cerveza en casa y ofrecerla a tus amigos cuando vengan a visitarte.


Al caer la noche y antes del concierto resulta muy agradable ir a cenar al Restaurante El Jardín; un lugar lleno de palmeras y con vistas inmejorables. Atendido por simpáticos camareros que se desviven en varios idiomas para servir a todo el mundo y darle lo mejor de su cocina tricultural. Allí, en lo más alto del pueblo donde la brisa te hace olvidar el calor de la tarde, y tras la cena, se puede degustar un refrescante Gin Tonic con la ginebra Larios perteneciente al mayor terrateniente de la comarca.
Ya con el estómago lleno y en el centro de la plaza del pueblo, se encuentra el escenario de los conciertos, donde podremos bajar la comida al ritmo de la actuación de esa noche, que seguro habrá para todos los gustos pues en esta novena edición de Frigiliana 3 Culturas, se han dado cita en sus escenarios, artistas como: Kepa Junkera, Miguel Campello (El Bicho), La Musgaña, Karavansar, Revolver, La Shara, 17 Hippies, Mudéjar, Les Morenillas y La Banda Morisca.
Tras el último concierto sólo queda el viaje de vuelta a casa, con la añoranza de unas gentes que forman el pueblo de Frigiliana y que se han metido en nuestro corazón. Aunque de momento lo dejemos atrás, nunca será un adiós definitivo, porque a Frigiliana al igual que a Roma, siempre se vuelve.

         ¿TE APUNTAS EL AÑO QUE VIENE?