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lunes, 5 de enero de 2015

FIESTAS Y MÁS FIESTAS



¿Hay algún país que tenga más fiestas que España? Sinceramente empiezo a dudarlo: Santoral, vírgenes, semana santa, agosto, semana blanca, y como colocón final: la navidad.
Este año la nochebuena ha caído en miércoles y por consiguiente el día de navidad fue jueves, eso quiere decir que los puentes se convierten en el Golden Gate, pues el lunes y martes anterior se enlaza con el próximo viernes que a su vez continúa en el fin de semana. En la semana siguiente vuelve a pasar lo mismo, pues la nochevieja pilla exactamente igual, en miércoles y el año nuevo en jueves. Por si esto fuera poco, en nuestro país añadimos la festividad de los Reyes, que ya no es únicamente para niños, sino que los mayores también disfrutamos de ella. Hacemos el amigo invisible, el dirty Santa, o incluso los propios Reyes entre nuestros amigos. El caso es tener un motivo para reunirnos y tomar unas copas. Como la noche de Reyes cae en lunes y el martes es festivo, no se vuelve a estar en orbita hasta el lunes 12 de enero. Y así hemos ido de festividad en festividad, desde el día de la lotería –en el que celebrábamos que no nos había tocado–, hasta pasada la Epifanía del señor –que como fue lunes, se anexionó al viernes anterior–.
Conclusión, que desde el viernes 19 de diciembre hasta el lunes 12 de enero, los españoles hemos estado dando tumbos de fiesta en fiesta; comiendo opíparamente, tomando dulces hasta reventar y bebiendo como si no hubiera un mañana, esperando que sea el hígado el que nos avise que ha llegado el momento en el que va a reventar.
Esto se hace para olvidar las penas pero sobre todo para tener un motivo de felicidad. Durante el tiempo que duran las fiestas de navidad, la gente aparenta estar contenta –tenga o no, espíritu navideño–, pues el hecho de empezar con la cañita a la hora del aperitivo y ya no parar de beber en todo el día, ayuda bastante. Todo esto cambia radicalmente en la cena de nochebuena con la familia, porque siempre hay alguien que intenta quitarte la sonrisa de un plumazo. Si no hay conflicto en esa cena, es como si no fuéramos suficientemente españoles. Nos prometemos a nosotros mismos que será el último año que pasaremos la navidad en familia, y que el próximo nos iremos a la China, o a cualquier otro sitio lo suficientemente lejos como para que no aparezca por allí ningún atisbo familiar. Pero al año siguiente, allí estamos una vez más, discutiendo con el cuñadito en cuestión –que no para de hablar–, y que te cortas en llamarle la atención, pues ves la cara de tu hermana, que es una santa y que lleva aguantándole tropecientos mil años. Te preguntas ¿cómo puede y sobre todo porqué lo soporta? Recuerdas cuando tu hermana era adolescente y no pasaba por alto ni un sólo comentario que no le gustara, llegando incluso a pelearse con quien fuera por tener la razón. ¿Entonces, qué nos ocurre al hacernos mayores?, es como si nos hicieran una especie de lobotomía y nos eliminaran la capacidad de reacción con una buena contestación a tiempo, en aras de no discutir. Y esa sumisión es precisamente lo que al final enciende a los demás, generando una discusión terrible con el resto de la familia.
Al comenzar cada año nuevo y dentro de todas las promesas que te generas para empezarlo con buen pie: dejar de fumar, ir al gimnasio, adelgazar, etc. añades la de no volver a pasar la navidad en familia. Pero al igual que en el gim del barrio pagaste el abono por un año y sólo fuiste tres veces, colaborado de esta manera a patrocinar los gimnasios de Madrid, el año que viene vuelves a caer  y terminas preguntando aquello de: ¿En qué casa celebramos este año la nochebuena?
Como ya no hay manera de cambiar todo esto y vamos a continuar año tras año quejándonos de lo mismo, yo os recomiendo que os regaléis por Reyes unas braguitas vibradoras –las hay unisex–, con un mecanismo que se coloca donde el salva–slip. Justo en el momento que se genere la discusión, tu pareja debe darle al mando a distancia que lleva incorporado el aparato y bajo la máxima “Todo lo que vibra, relaja”, podréis empezar a experimentar otra forma de lobotomía. Decidle a vuestra pareja que cuando el cuñadito se ponga pesado, él o ella le de al control remoto para que tú termines con una voz absurda diciendo aquello de: Cuñaaaaaaaaaooooo.

Sin las fiestas, los puentes y la familia, los españoles no seríamos nosotros mismos, mutilaríamos nuestra verdadera esencia. Así que nunca podremos equipararnos a otros modelos de trabajadores más europeos, que funcionan durante 12 horas diarias sin parar y sin beber, tan solo produciendo.


¿Crees que si a los españoles nos quitaran las fiestas, nos levantaríamos en armas?