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lunes, 22 de julio de 2013

LITERATURA ERÓTICA






Desde que publiqué MISs tupper SEX, tuve que ponerme al día con la literatura erótica para ver quienes iban a ser sus compañeros de tienda y estantería. Descubrí que había mucha producción y que la mayoría de las autoras no eran españolas. Eso me hizo vislumbrar una veta clara donde picar y me puse manos a la obra.
De todos los libros que leí, salvo de la quema La doble vida de Gwendolynne Price. En él, la escritora Portia de Costa te ofrece un relato erótico pero con distinto planteamiento.
 El resto de las novelas me agredieron directamente por lo machista de sus historias –hombre guapo y con dinero enamora a la protagonista, normalmente una jovencita incauta, y la somete a todos sus delirios sexuales–. Me planteé cual era el verdadero problema que subyace en todo esto y porqué entonces habían tenido tanto éxito sus lecturas.
Llegué a la conclusión de que la mayoría de las mujeres siguen teniendo la necesidad de encontrar a su príncipe azul. Por mucho que hayamos avanzado, nos siguen apareciendo los fantasmas de una educación pasada, sexista y desigual.
Lo que me resultó curioso es que pensaba que a esta altura de la evolución humana, las mujeres ya no veían en los hombres su tabla de salvación, su fuente de ingresos, o su necesidad de ser protegidas. Pero resulta que sí, que todavía muchas de ellas siguen enamoradas del amor sublimado y se siguen viendo como la actriz protagonista de esa película de princesas y lujo que nos contaron a todas las niñas donde, inexorablemente, terminaban con un beso y viviendo en el castillo del príncipe.
Las mujeres debemos ser más artistas y aprender a utilizar la sexualidad para nuestro propio disfrute y no para estar al servicio de nadie.
Mientras las relaciones de pareja no se encaren desde la igualdad, seguirán apareciendo episodios de maltrato, porque la violencia se asienta en la desigualdad.
Un poco más abajo os pongo un texto que escribí para mi espectáculo PILATES: 4 Mujeres, 4 Causas, donde explico cuáles son los ciclos del maltrato y lo fácil que es entrar en esa espiral de la violencia de género. Así que olvidémonos de los cuentos de hadas y pasemos al mundo real. La mujer debe tomar la iniciativa tanto profesional como personalmente y aprender a identificar el control que ejercen sus parejas sobre ellas, aunque se lo vendan como un plus del amor. Nosotras tenemos la responsabilidad sobre nuestra felicidad, así que debemos aprender a llevar las riendas de nuestras relaciones sentimentales y de nuestras vidas.




CICLOS DEL MALTRATO

Madrid-22-febrero-09

Querida amiga:
Hace tanto que no hablamos, que ni siquiera sé cómo ponerte al corriente de mi vida.
Me da vergüenza confesar lo que me está pasando y sin embargo, sé que tengo que hacerlo si no quiero terminar como otras tantas mujeres que no pudieron romper ese silencio.
Verás, hace 4 años conocí a un hombre maravilloso del que me quedé completamente enamorada.
Se preocupaba por mí, cosa que nunca nadie había hecho antes. Así que en pocos meses nos casamos. Durante todo este tiempo siempre estaba pendiente de mí. Me llamaba a todas horas para ver cómo me encontraba, enseguida se daba cuenta de las amigas que me tenían envidia y que no me convenían, me asesoraba en la manera de vestir para que nadie se metiera conmigo, hacía de mi chofer para que yo no me agobiara, y solucionaba todos mis problemas laborales, administrativos, económicos…
Él tenía un sentido especial para saber quien nos aportaba algo interesante y quien no, así que era él, el que decidía con quien salíamos y cuándo.
Poco a poco me fui distanciando de mis amigas, de mi familia, de mis compañeras de trabajo…Ya sólo existíamos nosotros.
Hasta que un día llegó el momento ansiado por los dos y me quedé embarazada. A partir de entonces, me cuidaba y no me dejaba hacer nada para que no me cansara, incluso me sugirió que dejara de trabajar, porque el estrés era muy malo para el embarazo,  y por supuesto del gimnasio ni hablar, si no quería maltratar a mi hijo.
Me dijo que no me preocupara por el dinero que él ganaba suficiente para los tres. Y así lo hice, a partir de aquel momento ya no tuve con quien contrastar su discurso, yo hablaba por su boca y tenía sus mismos razonamientos. Entre el cansancio físico del embarazo y los miedos que me había ido generando, yo ya no sabía hacer nada. De hecho me sentía una inútil, pero tampoco tenía fuerzas para solucionarlo.
Cuando la niña nació, le comenté que quería volver a trabajar y empezó a meterme en la cabeza la idea de ser una mala madre si abandonaba a mi hija ahora, con lo pequeña que era.
Insistía en que con el dinero que ganaba era suficiente y que yo no tenía necesidad alguna de moverme de mi casa.
Poco a poco empecé a perder la confianza en mí misma, comencé a tener crisis de ansiedad y mi autoestima cogió un camino vertiginoso hacia el fondo del saco. (Pausa de transición…)
A los pocos meses yo estaba completamente anulada y entonces él empezó a insultarme. Al principio eran pequeñas cosas como “que torpe eres”, “no sirves para nada”, “y tú que sabrás”. Tanto lo decía que las incorporé a mi propio lenguaje, ahora era yo misma la que decía “como soy tan torpe…”, “no sirvo para esto”, “no puedo hablar porque no sé de eso”…
Cuando pensaba en volver a trabajar, me decía que ¿quién contrataría a alguien como yo?, si en realidad no sabía hacer nada.
El caso es que una cosa fue llevando a la otra y los insultos y gritos cada vez eran más fuertes. Ya ni siquiera se cortaba si la niña estaba delante, incluso le decía cosas como “mamá quiere abandonarte para ir a trabajar de puta por ahí”, o “mira la falda que lleva mamá, eso solamente lo llevan las guarras, pero si se le ve el chocho”, y se reía mientras lo decía, “¿sabes que mamá tuvo un montón de novios antes de que tú nacieras?, y ahora mírala, ya no sabe ni hacer eso bien”.
Un día llenándome de fuerza, le dije que quería el divorcio, y se rió en mi cara, me contestó que ¿a dónde pensaba ir y con quién?, y ¿con qué dinero? ah, y por supuesto a la niña no me la llevaba, que los juzgados ahora están dando la custodia a los padres, cuando la madre no tiene donde caerse muerta y encima tiene problemas psicológicos, y además que ¿cómo iba a pagar al abogado?, como no me lo tirara…, claro que eso podía hacerlo porque como era una puta.
Así que por temor a quedarme sin mi niña decidí aguantar un poco más. Entonces fue peor, él se envalentonó entendió que le necesitaba y me convirtió en su criada y esclava sexual.
Cuando me quejaba, me decía “vete, coge la puerta y vete, si estoy deseando que te vayas, a ver que haces con tu vida”, si hasta tú familia sabe que yo soy el único que trabaja y que ingresa dinero en esta casa, que tú eres una vaga y una guarra. Y me gritaba “que lo hagas”, “pero la niña se queda”.
Efectivamente, yo no sabía donde ir, para ese momento ya no tenía ni amigos, y a mi familia me daba vergüenza contarles lo que estaba pasando porque en el fondo, yo creía que todo aquello me lo merecía y que yo era todas esas cosas horribles que él me decía.
El miedo se fue apoderando de mí y llegó un momento en que me olvidé del ser humano que fui una vez.
En cada renuncio mío, él se crecía más. Si la sopa estaba fría tiraba de la punta del mantel y salían todos los platos por los aires, después me pegaba un empujón obligando a arrodillarme en el suelo para que lo recogiera todo, y me decía “recoge toda esta mierda, que es para lo único que sirves”.
Así se fueron sucediendo los meses con diferentes episodios de esa naturaleza. Un vez durante la comida tuve que esquivar un cuchillo que me lanzó a la cara porque no le gustó el menú del día, y me decía “te voy a matar, ándate tonta y un día te mato, por tonta”.
Yo, ya, con tal de no hacerle enfadar, hacía cualquier cosa que me pidiera.
Y entonces empezaron las palizas, que se fueron sucediendo una tras otra con el mínimo pretexto. Y eso que no bebía nada, que se enorgullecía de ser abstemio, ¡menos mal! (Pausa de transición...)
Ayer no pude aguantar más y me escapé. Salí corriendo. He estado secuestrada en mi propia casa y ahora solo necesitaba respirar aire fresco. Me armé de valor y fui a la comisaría más próxima, me hicieron un montón de preguntas, para muchas de ellas ni siquiera tenía respuesta. Después de redactar la denuncia, me dijeron que volviera a mi casa, que ya le llegaría una orden judicial.
Estuve vagabundeando durante no sé cuanto tiempo y solo de pensar en volver, se me abrían las entrañas. Sabía que cuando se enterara que le había denunciado, me mataría. No me atrevía a regresar a casa y quise acabar con mi vida. Sólo se me ocurrió ir al hotel donde habíamos sido tan felices mientras fuimos novios y siempre hablábamos de volver para hacer “escapaditas”, estaba bastante cerca y no me pedirían el dinero por adelantado. (Pausa de transición…)
Pero ahora, después de unos momentos de libertad, he pensado que quiero recuperar mi vida y tú siempre fuiste mi mejor amiga y se que podrás entenderme y ayudarme.
Por favor ponte en contacto conmigo.

Un beso.

(Corte total de la música, toda la escena se queda congelada).

Esta carta se encontró en el bolso de una mujer que yacía en la cama de una habitación de hotel, asesinada con ocho puñaladas.
Según el certificado del forense, llevaba 2 días muerta y esta carta nunca llegó a su destinataria.

Y ahora la pregunta de la semana:
¿Te has sentido alguna vez maltratada en alguna de las fases del ciclo?