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lunes, 29 de julio de 2013

LA TRILOGÍA PARAISO



SEC 1. EXTERIOR. CALLE CASA DE TERESA. DÍA.
Una mujer –Teresa– de mediana edad y entrada en kilos empuja una maleta de ruedas mientras sale de su casa con su hija adolescente –también obesa– y, un gato. Se dirigen a la casa de la vecina que les invita a pasar.
SEC 2. INTERIOR. SALÓN CASA DE ANNAMARIA. DÍA.
Teresa le cuenta a Annamaría que se va de vacaciones a Kenia y le pide que cuide de su gato y lleve a la niña al campamento de verano.

Este es el encabezamiento de la trilogía que el director/guionista Ulrich Seidl nos propone. A partir de ese momento veremos a Teresa –la madre obesa– en Kenia haciendo turismo sexual en la cinta Paraíso: Amor. En la segunda película seguiremos el vía crucis de Annamaría que trata de devolver el catolicismo al pueblo austríaco en Paraíso: Fe. Y en la tercera cinta, nos adentraremos en un campamento para chavales obesos donde la hija adolescente perderá su inocencia, en Paraíso: Esperanza.
Como si se tratara de las tres virtudes teologales: Fe, Esperanza y Caridad. Ulrich nos adentra en los suburbios de tres sentimientos difíciles de expresar: la fe a través de la religión, la esperanza en el amor adolescente y la caridad a la hora negociar con el sexo.
Reconozco que no conocía a este artista austríaco y me ha conmovido. He visto su trilogía y me he quedado atrapada en la crudeza de sus imágenes. El lenguaje visual que utiliza para contar sus tres historias resulta ingenioso y sencillo a la vez, pues partiendo de las dos secuencias que describo arriba, se desarrollan las vidas de tres mujeres de una misma familia sin que ninguna de ellas sepa la suerte que corren las otras dos. Se trata de una espiral donde todo sucede al mismo tiempo pero el espectador es el único que tiene toda la información. Seidl utiliza al público haciéndole cómplice y por ello le regala de cuando en cuando con algún guiño. Como un voyeur cualquiera que pretende entender mejor las debilidades humanas, Ulrich provee al espectador de más información que a sus propios personajes. Les da el privilegio de adentrarse en esos mundos desconocidos para la mayoría de la gente, y así poder disfrutarlos en primera línea sin ningún tipo de pudor. Seidl plasma la realidad sin criticarla, tan solo mostrándola, incluso diría que con un cierto respeto a la hora de colocar la cámara, pues en la mayoría de las secuencias la deja fija para que las actrices se muevan con total tranquilidad. Aunque los guiones están muy elaborados, Ulrich deja espacio a la improvisación, para que sus personajes se encuentren libres y sin ataduras.
A mí como escritora me gustaría que Ulrich Seidl escribiera un cuarto guión donde reuniera a las tres mujeres al finalizar el verano y, viéramos la versión que cada una de ellas daba de lo ocurrido, al mismo tiempo sería interesante verlas interactuar en sus relaciones cotidianas.

Pudiera ser que estas películas perturbaran al espectador por lo sórdidas que son y con imágenes tan durísimas que contienen, pero desde luego no les dejará indiferentes.

Coproducción Austria-Francia-Alemania
Drama
Productora: Audiovisions filmindustrie
Distribuidora: Golem distribución, S.L

Y ahora la pregunta de la semana:
"¿Podrías imaginar a los miembros de tu familia haciendo algo oscuro?"

lunes, 22 de julio de 2013

LITERATURA ERÓTICA






Desde que publiqué MISs tupper SEX, tuve que ponerme al día con la literatura erótica para ver quienes iban a ser sus compañeros de tienda y estantería. Descubrí que había mucha producción y que la mayoría de las autoras no eran españolas. Eso me hizo vislumbrar una veta clara donde picar y me puse manos a la obra.
De todos los libros que leí, salvo de la quema La doble vida de Gwendolynne Price. En él, la escritora Portia de Costa te ofrece un relato erótico pero con distinto planteamiento.
 El resto de las novelas me agredieron directamente por lo machista de sus historias –hombre guapo y con dinero enamora a la protagonista, normalmente una jovencita incauta, y la somete a todos sus delirios sexuales–. Me planteé cual era el verdadero problema que subyace en todo esto y porqué entonces habían tenido tanto éxito sus lecturas.
Llegué a la conclusión de que la mayoría de las mujeres siguen teniendo la necesidad de encontrar a su príncipe azul. Por mucho que hayamos avanzado, nos siguen apareciendo los fantasmas de una educación pasada, sexista y desigual.
Lo que me resultó curioso es que pensaba que a esta altura de la evolución humana, las mujeres ya no veían en los hombres su tabla de salvación, su fuente de ingresos, o su necesidad de ser protegidas. Pero resulta que sí, que todavía muchas de ellas siguen enamoradas del amor sublimado y se siguen viendo como la actriz protagonista de esa película de princesas y lujo que nos contaron a todas las niñas donde, inexorablemente, terminaban con un beso y viviendo en el castillo del príncipe.
Las mujeres debemos ser más artistas y aprender a utilizar la sexualidad para nuestro propio disfrute y no para estar al servicio de nadie.
Mientras las relaciones de pareja no se encaren desde la igualdad, seguirán apareciendo episodios de maltrato, porque la violencia se asienta en la desigualdad.
Un poco más abajo os pongo un texto que escribí para mi espectáculo PILATES: 4 Mujeres, 4 Causas, donde explico cuáles son los ciclos del maltrato y lo fácil que es entrar en esa espiral de la violencia de género. Así que olvidémonos de los cuentos de hadas y pasemos al mundo real. La mujer debe tomar la iniciativa tanto profesional como personalmente y aprender a identificar el control que ejercen sus parejas sobre ellas, aunque se lo vendan como un plus del amor. Nosotras tenemos la responsabilidad sobre nuestra felicidad, así que debemos aprender a llevar las riendas de nuestras relaciones sentimentales y de nuestras vidas.




CICLOS DEL MALTRATO

Madrid-22-febrero-09

Querida amiga:
Hace tanto que no hablamos, que ni siquiera sé cómo ponerte al corriente de mi vida.
Me da vergüenza confesar lo que me está pasando y sin embargo, sé que tengo que hacerlo si no quiero terminar como otras tantas mujeres que no pudieron romper ese silencio.
Verás, hace 4 años conocí a un hombre maravilloso del que me quedé completamente enamorada.
Se preocupaba por mí, cosa que nunca nadie había hecho antes. Así que en pocos meses nos casamos. Durante todo este tiempo siempre estaba pendiente de mí. Me llamaba a todas horas para ver cómo me encontraba, enseguida se daba cuenta de las amigas que me tenían envidia y que no me convenían, me asesoraba en la manera de vestir para que nadie se metiera conmigo, hacía de mi chofer para que yo no me agobiara, y solucionaba todos mis problemas laborales, administrativos, económicos…
Él tenía un sentido especial para saber quien nos aportaba algo interesante y quien no, así que era él, el que decidía con quien salíamos y cuándo.
Poco a poco me fui distanciando de mis amigas, de mi familia, de mis compañeras de trabajo…Ya sólo existíamos nosotros.
Hasta que un día llegó el momento ansiado por los dos y me quedé embarazada. A partir de entonces, me cuidaba y no me dejaba hacer nada para que no me cansara, incluso me sugirió que dejara de trabajar, porque el estrés era muy malo para el embarazo,  y por supuesto del gimnasio ni hablar, si no quería maltratar a mi hijo.
Me dijo que no me preocupara por el dinero que él ganaba suficiente para los tres. Y así lo hice, a partir de aquel momento ya no tuve con quien contrastar su discurso, yo hablaba por su boca y tenía sus mismos razonamientos. Entre el cansancio físico del embarazo y los miedos que me había ido generando, yo ya no sabía hacer nada. De hecho me sentía una inútil, pero tampoco tenía fuerzas para solucionarlo.
Cuando la niña nació, le comenté que quería volver a trabajar y empezó a meterme en la cabeza la idea de ser una mala madre si abandonaba a mi hija ahora, con lo pequeña que era.
Insistía en que con el dinero que ganaba era suficiente y que yo no tenía necesidad alguna de moverme de mi casa.
Poco a poco empecé a perder la confianza en mí misma, comencé a tener crisis de ansiedad y mi autoestima cogió un camino vertiginoso hacia el fondo del saco. (Pausa de transición…)
A los pocos meses yo estaba completamente anulada y entonces él empezó a insultarme. Al principio eran pequeñas cosas como “que torpe eres”, “no sirves para nada”, “y tú que sabrás”. Tanto lo decía que las incorporé a mi propio lenguaje, ahora era yo misma la que decía “como soy tan torpe…”, “no sirvo para esto”, “no puedo hablar porque no sé de eso”…
Cuando pensaba en volver a trabajar, me decía que ¿quién contrataría a alguien como yo?, si en realidad no sabía hacer nada.
El caso es que una cosa fue llevando a la otra y los insultos y gritos cada vez eran más fuertes. Ya ni siquiera se cortaba si la niña estaba delante, incluso le decía cosas como “mamá quiere abandonarte para ir a trabajar de puta por ahí”, o “mira la falda que lleva mamá, eso solamente lo llevan las guarras, pero si se le ve el chocho”, y se reía mientras lo decía, “¿sabes que mamá tuvo un montón de novios antes de que tú nacieras?, y ahora mírala, ya no sabe ni hacer eso bien”.
Un día llenándome de fuerza, le dije que quería el divorcio, y se rió en mi cara, me contestó que ¿a dónde pensaba ir y con quién?, y ¿con qué dinero? ah, y por supuesto a la niña no me la llevaba, que los juzgados ahora están dando la custodia a los padres, cuando la madre no tiene donde caerse muerta y encima tiene problemas psicológicos, y además que ¿cómo iba a pagar al abogado?, como no me lo tirara…, claro que eso podía hacerlo porque como era una puta.
Así que por temor a quedarme sin mi niña decidí aguantar un poco más. Entonces fue peor, él se envalentonó entendió que le necesitaba y me convirtió en su criada y esclava sexual.
Cuando me quejaba, me decía “vete, coge la puerta y vete, si estoy deseando que te vayas, a ver que haces con tu vida”, si hasta tú familia sabe que yo soy el único que trabaja y que ingresa dinero en esta casa, que tú eres una vaga y una guarra. Y me gritaba “que lo hagas”, “pero la niña se queda”.
Efectivamente, yo no sabía donde ir, para ese momento ya no tenía ni amigos, y a mi familia me daba vergüenza contarles lo que estaba pasando porque en el fondo, yo creía que todo aquello me lo merecía y que yo era todas esas cosas horribles que él me decía.
El miedo se fue apoderando de mí y llegó un momento en que me olvidé del ser humano que fui una vez.
En cada renuncio mío, él se crecía más. Si la sopa estaba fría tiraba de la punta del mantel y salían todos los platos por los aires, después me pegaba un empujón obligando a arrodillarme en el suelo para que lo recogiera todo, y me decía “recoge toda esta mierda, que es para lo único que sirves”.
Así se fueron sucediendo los meses con diferentes episodios de esa naturaleza. Un vez durante la comida tuve que esquivar un cuchillo que me lanzó a la cara porque no le gustó el menú del día, y me decía “te voy a matar, ándate tonta y un día te mato, por tonta”.
Yo, ya, con tal de no hacerle enfadar, hacía cualquier cosa que me pidiera.
Y entonces empezaron las palizas, que se fueron sucediendo una tras otra con el mínimo pretexto. Y eso que no bebía nada, que se enorgullecía de ser abstemio, ¡menos mal! (Pausa de transición...)
Ayer no pude aguantar más y me escapé. Salí corriendo. He estado secuestrada en mi propia casa y ahora solo necesitaba respirar aire fresco. Me armé de valor y fui a la comisaría más próxima, me hicieron un montón de preguntas, para muchas de ellas ni siquiera tenía respuesta. Después de redactar la denuncia, me dijeron que volviera a mi casa, que ya le llegaría una orden judicial.
Estuve vagabundeando durante no sé cuanto tiempo y solo de pensar en volver, se me abrían las entrañas. Sabía que cuando se enterara que le había denunciado, me mataría. No me atrevía a regresar a casa y quise acabar con mi vida. Sólo se me ocurrió ir al hotel donde habíamos sido tan felices mientras fuimos novios y siempre hablábamos de volver para hacer “escapaditas”, estaba bastante cerca y no me pedirían el dinero por adelantado. (Pausa de transición…)
Pero ahora, después de unos momentos de libertad, he pensado que quiero recuperar mi vida y tú siempre fuiste mi mejor amiga y se que podrás entenderme y ayudarme.
Por favor ponte en contacto conmigo.

Un beso.

(Corte total de la música, toda la escena se queda congelada).

Esta carta se encontró en el bolso de una mujer que yacía en la cama de una habitación de hotel, asesinada con ocho puñaladas.
Según el certificado del forense, llevaba 2 días muerta y esta carta nunca llegó a su destinataria.

Y ahora la pregunta de la semana:
¿Te has sentido alguna vez maltratada en alguna de las fases del ciclo?

lunes, 15 de julio de 2013

LA CANDELA (Concepto en la restauración)


Una mujer de Madrid: Sión Calderón. Tras llevar restaurantes en Barcelona y Madrid, pasando muchos años con la restauración del Teatro Real, lo deja y se marcha a Milán. A la vuelta, enloquecida por la cocina y embarazada, pone en marcha un servicio de catering Ralladura de coco.
Un chef, hijo de madre española y padre sudanés: Samy…, apasionado de la cocina árabe y asiática, pero sin olvidar la base de la cocina castellano-mediterránea. Viajero incansable trabajó en Cambio de tercio, en Londres, Coque, en Humanes, Kabuki de Madrid, Can Fabes, en Barcelona, La Finca de Xin Tiandi, en Shanghai, y Al-Salam Rotana en Sudán.
El tercero en discordia: Santi, argentino de nacimiento y español de adopción, con ascendentes rusos, polacos y libaneses. Director creativo.
Entre los tres deciden dar un vuelco a sus vidas y probar suerte por su propia cuenta. Continúan con el catering hasta que un día amplían el negocio y la sociedad. Siguen con Ralladura de coco y enseguida llega La Candela, donde deciden instalar sus sueños. Se hacen cargo de un local en el pueblo de Valdemorillo y le dan la vuelta para hacer un lugar agradable y distinto en la sierra madrileña. Se adaptan a la época de crisis y prefieren reciclar, recogen de los puntos limpios diferentes muebles y enseres, demostrando así que se puede hacer arte de cualquier cosa.
En cuestión gastronómica, la filosofía de la empresa es la No-Carta. Varían cada semana para dar un producto más fresco y a mejor precio, porque les gusta la cocina, de esta manera hacen más elaboraciones sin dejarlas tiempo almacenas en el frío.
Hace unos días hubo un incendio en la localidad de Valdemorillo, y La Candela abrió sus puertas para albergar a quienes necesitaron cobijo. Se llenó de artistas, actrices, escritoras y cantantes que pusieron su arte al servicio de la solidaridad, uniendo canciones y viandas. Todo ello aderezado con el inconfundible sabor de la cocina viajera de Samy. Algún ejemplo: Gazpacho andaluz con cerezas, queso fresco, puerro en vinagreta y sorbete de pepino.


De segundo:  La Coca de Pelayos.


Y para los más dulces...


Y ahora la pregunta de la semana.


¿Qué debería tener un restaurante para que te invite a salir de casa?

lunes, 8 de julio de 2013

GALLETAS DE GÉNERO




En época de crisis, el departamento de I + D está encima de tus hombros. Cuando el trabajo que esperas no llega o se te ha ido al garete lo que tenías, hay que reinventarse. Desarrolla tu imaginación y ponte en marcha: Ahora hay un modelo de negocio que se llama: Startup –empresa de nueva creación que tiene un bajo costo de implementación–.
Las startup por lo general comienzan como una idea de negocio creativo, el paso inmediato es agregar diferenciación a dicha idea a través de la innovación, para finalmente crear una firma de coste mínimo y obtener así ganancias a corto plazo,
aprovechando la comunicación que nos brinda Internet y sus plataformas. Porque para ser artista no es necesario ser actriz o escritora, cualquiera puede desarrollar su imaginación y poner su propio negocio.
         Un ejemplo de  Startup es: Sorayzola. Una empresa creada por dos mujeres que se dedican al mundo del cine y ahora además hacen galletas creativas.
Margot Besora trabaja en la producción y disfruta con
el mundo del diseño y la ilustración, vive en Lleida.
Laura Olaizola lleva muchos años trabajando el mundo de la comunicación dentro de la rama del cine y vive en Madrid.
Su separación física no les ha supuesto un problema para crear la empresa de ambas que reune lo mejor de cada una y además se complementan a la perfección aunque trabajen en la distancia.
Margot es la parte creativa mientras que Laura se encarga del marketing y la comunicación. Llevan menos de un año funcionando y ya tienen un montón de pedidos incluso desde el extranjero.
Para disfrutar de este rico manjar sólo tienes que ponerte en contacto con sorayzola porque no hay precios orientativos pues uno de los ideales de la firma es que al ser galletas personalizadas ningún envío es igual a otro, por tanto los precios son personalizados también y dependen del diseño que quiera el cliente. Tienen lo que llaman happy eventos, al igual que con las galletas, personalizan todo lo necesario para que tus celebraciones sean únicas e inolvidables.
Os dejo con varias fotos para que os deleitéis la vista y los links de contacto para que lo hagáis igual con el paladar.






Y ahora responde la pregunta de la semana:

¿Te atreverías a montar tu propia startup con esa idea que te ronda por la cabeza desde hace años? 

lunes, 1 de julio de 2013

LA ROZALÉN



Me la presentó un amigo común: María –me dijo–, también estudió arte dramático aunque lo que hace habitualmente es cantar. Nunca había oído hablar de ella y me pareció a simple vista una chavala buscándose la vida en esta jungla de asfalto que es el Show business. Me mandó el link de un video suyo colgado en You tube llamado 80 veces –que ahora comparto con vosotros clicando en el pie de foto–, y vi 353.476 visitas, reconozco que me sorprendió. El video me pareció muy original, tanto ella como su voz y la puesta en escena. Pensé que era un sketch de humor utilizando la música en lugar de la palabra y eso me encantó. Mas tarde me enteré que acababa de fichar en Sony Music de discográfica y con Rosa Lagarrigue para llevarle el Management, eso sumado a que su productor musical es Ismael Guijarro –al que ya conocía por haber producido el último disco de mi amiga Carmen París y que me parece maravilloso–, pensé que en Rozalén había algo más que una simple aspirante a cantante, así que me fui a verla a un concierto que hizo en la sala Galileo Galilei de Madrid, y flipé. Rozalén ha creado un espectáculo con puesta en escena vestuario y coreografía en el que actúa junto a su compañera Beatriz Romero (Especialista en interpretación de la lengua de signos), que va siguiendo e interpretando con humor a través del lenguaje para sordomudos, todas las canciones compuestas por la misma María. Nada de lo que hace Rozalén es casual, todo está ensayado con esa disciplina que tiene el arte dramático y que echo de menos en el mundo del Rock. Hasta el vestuario lo tiene estudiado, utilizando una gran flor que cambia de color dependiendo del día o de su estado de ánimo, y un vestido negro, tanto ella como su compañera. Un concierto de la Rozalén se hace ameno y divertido, siendo un deleite tanto para la vista como para el oído porque su voz es tan personal que cuando ella canta hace que la gente se levante a mirarla y se pregunte: “¿Quién es esta tía?”. María es como un latigazo que te recorre el cuerpo y te despierta a la primera nota que interpreta. Toca todos los palos desde la copla hasta el flamenquito y además es autora de la música y de todas sus letras, hablando del amor y desamor con una manera muy personal de hacerlo. Compositora, escritora y actriz, en definitiva toda una artista.
La semana pasada me invitaron a una grabación en directo para el DVD de su primer disco “Con derecho a…”, en una muestra de seis de sus canciones y reconozco que terminé haciéndome completamente fan.
Me gustaría recomendaros alguno de sus conciertos para que la disfrutéis de la misma manera que lo he hecho yo, pues estoy segura que Rozalén es un valor en alza, y probablemente en unos años tendremos que ir a verla a la plaza de toros de las ventas y se habrán agotado las localidades. Así que si vais a la playa en vacaciones, aprovechad, que de momento tiene estas fecha cerradas:
13 de julio Nits al Castell (Xàtiva)
19 de julio Alicante
17 de agosto Puerto de Santa María.

Y ahora contesta a la pregunta:

¿Qué opinas de los nuevos valores de la música?

lunes, 24 de junio de 2013

EL SÁHARA Y YO



Cuando Cristina del Valle regresó de Tinduf allá por el año 2002, convocó a una serie de compañeras –entre las que me incluyo– actrices, cantantes y escritoras, nos explicó la situación que se vivía en los campamentos de refugiados saharauis y nos interesamos por la causa. Decidimos montar alguna acción que tuviera repercusión mediática, pues por aquel entonces nos comentaban en cooperación que el Sáhara era una causa desgastada debido a los 27 años de permanencia en el exilio. Hablamos con la Asociación de Amigos del Pueblo Saharaui en Madrid y con ellos pensamos que sería bueno poner más nombres y caras conocidas ligados al tema del Sáhara, para que tuviera repercusión en los medios. Se hicieron varias reuniones en casa de Cristina, con actrices, cantantes, escritoras y periodistas, para que entre todas sacáramos una idea adelante. Un importante número de mujeres de la cultura decidimos aprovechar las fechas de navidad que se nos avecinaban para llevar juguetes a los niños y niñas saharauis, el día 6 de enero festividad de los Reyes Magos. Dado que el Sáhara había sido una provincia Española y muchos de ellos siguen conservando su DNI  Español,  la idea podría ser interesante. Nos pusimos con los preparativos e hicimos una grabación en DVD, en el que incluimos rostros famosos del mundo de la cultura, dando datos concretos sobre el conflicto saharaui y adhiriéndose a la causa. Realizamos una recogida masiva de juguetes en la plaza de Felipe II de Madrid y el video lo proyectamos por primera vez allí. Hicimos partícipes a toda la ciudadanía para que vinieran a entregar juguetes, y a compañeros del mundo del cine y la TV para recogerlos en una gran jaima, que situamos en la plaza sobre un montón de arena simulando el desierto con una camella de cartón a tamaño natural. Conseguimos patrocinadores y fletamos por tierra una caravana de juguetes, mientras que en avión volábamos un buen número de artistas y medios de comunicación hasta un total de 100 personas, rumbo a Tinduf. Una vez allí fue curioso ver a los críos recogiendo los juguetes. Ponían caras extrañas, no les interesaban ni los muñecos de Mickey Mouse, ni los juegos que les llevábamos. Su consumismo no había llegado a esos niveles, sus verdadera diversión éramos nosotras, disfrutaban estando a nuestro lado. De las mujeres saharauis aprendimos la verdadera solidaridad, amistad y compañerismo. Lo que ellas llaman twiza y nosotras complicidad.
  
El 27 de febrero de 1.976 se creó la RASD (República Árabe Saharaui Democrática), y por eso a uno de los campamentos le pusieron esa fecha como nombre. Allí nos hospedamos y lo visitamos. Alrededor de la escuela de mujeres gira todo el asentamiento. Las saharauis estudian, tienen talleres de artes, labores, peluquería, y hasta cursos de auto-estima. Además de  guarderías y cualquier cosa que necesiten para poder estudiar. Todos los niños están escolarizados y  cuando crecen, las madres consiguen becas de estudios superiores en Cuba, España, Argelia y Libia, donde envían a sus hijos y se desprenden de ellos a pesar del dolor que eso pueda causarles, para que cuando Marruecos les devuelva su tierra puedan tener un futuro mejor. Las mujeres han sido la columna vertebral del Sáhara, ya que mientras los hombres luchaban en el frente, ellas organizaban los campamentos y distribuían la ayuda humanitaria. De esa manera crearon una sociedad equitativa  que cuenta con sus diferentes ministerios, hospitales, colegios, huertos, sin olvidar el énfasis que ponen en la cultura pues es lo que les hace ser cada día un poquito más libres. La importancia de las mujeres en esta sociedad hace que se conviertan en un verdadero ejemplo para todas nosotras, ya que con los mínimos recursos han sido capaces de organizar un mundo en mitad de la nada. Viven el la Hamada Argelina, un lugar inhóspito donde el desierto encuentra su mayor dureza. Todo es piedra y grava mezclada con arena, las dunas más cercanas se encuentran a tres horas viajando en todo terreno, -que aparte del camello, es la única manera de desplazarse allí-.

El territorio se divide en cuatro wilayas –campamentos o ayuntamientos–. Smara, Aaiún, Auserd, y Dajla –Villa Cisneros en época Española–. Los nombres son los mismos que las ciudades reales en el Sáhara Occidental, para que cuando Marruecos les devuelva su tierra, los saharauis no hayan perdido sus raíces y puedan volver a vivir cada uno en su ciudad. Además hay otros dos campamentos más pequeños o subsidiarios: el 27 de Febrero –del que ya hemos hablado antes– y Rabuni, –donde se encuentra el gobierno y se utiliza para protocolo–.

Las wilayas se dividen en Dairas –que son los distritos–, y estas a su vez forman cuatro barrios cada una, numerados del uno al cuatro. Allí se sitúan las jaimas y casas de adobe alrededor de un patio central, donde vive la población refugiada. Si decides viajar a los campamentos y no quieres perderte, es necesario conocer también el nombre de la madre de la familia.

El último día de nuestra convivencia con los saharauis, hicimos un concierto por la paz en el campamento de Smara de música y poesía. Tuvimos una acogida estremecedora: miles de niños y niñas saharauis llevaban horas esperándonos a la intemperie formando un pasillo para recibirnos. Nos sonreían y cantaban en castellano –su segundo idioma –, Bienvenidos queridos amigos, mientras agitaban banderitas de la RASD. 

El primer impacto con el Sáhara me proporcionó una cura de humildad que nunca olvidaré. La escritora Dulce Chacón –vino con nosotras un año antes de emprender el gran viaje, me decía continuamente una frase que incorporé inmediatamente a mi vida: “Siempre puede haber menos”. Cuando estás en los campamentos esa frase la vas poniendo en práctica a cada minuto: Si te parecía que dormir sobre una colchoneta era duro, al día siguiente ibas a las dunas y allí dormías directamente en el suelo. Si te parecía que diez mujeres viviendo en una misma jaima era mucha gente, en las dunas dormías con cincuenta personas bajo el mismo techo de lona. Si el frío de noche te calaba los huesos en una casita de adobe con puerta, otro día dormías en una jaima inmensa y sin puerta donde la gente tenía que compartir el saco de dormir para darse calor mutuo. Si el habitáculo que había como baño con una simple letrina te parecía poco y mal, en otras jaimas ni siquiera tenían eso y tus necesidades las hacías a la intemperie, pero eso si, con una sensación de horizonte de trescientos sesenta grados. Dulce me repetía: “siempre puede haber menos”. Cuando pasas un par de días en las dunas y vuelves a tu jaima en el 27 de Febrero, empiezas a valorar todas aquellas pequeñas cosas que hasta entonces te habían parecido escasas. Pero de aquel lugar tan alejado guardo la sensación de hacer Tai-chí al atardecer en un mar de dunas, dando gracias al Sol.

Del viaje me traje más de lo que había dejado. El Sáhara se me había metido en el corazón. 

Tan sólo diez meses después, se celebró el primer Festival Internacional de cine del Sáhara (FISAHARA) en noviembre del 2003 y volví. Fue impresionante contemplar a los saharauis ver cine por primera vez y la proyección en una pantalla gigantesca de 10m X 5m situada al aire libre, como techo las estrellas y como butaca nuestra arena compañera. Recuerdo la primera peli que se proyectó: Nómadas del viento, sobre los movimientos migratorios de las aves. Fue increíble la dimensión que tomaron aquellas imágenes en ese marco incomparable, las gaviotas parecían salirse de la pantalla y fundirse entre el cielo y las estrellas. En la siguiente edición del festival de cine (marzo 2005), me metí de lleno. Colaboré llevando la coordinación de los invitados y conseguí embarcar a otro montón de artistas. Cuando surgió el siguiente viaje al Sáhara me enrolé sin pensarlo; en esta ocasión se trataba de una marcha al muro de la vergüenza –creado por Marruecos en el año 1.980 para dividir y aislar el Sáhara Occidental, en un intento de frenar la guerra de liberación saharaui, Impedir el referéndum de autodeterminación y poder expoliar libremente las riquezas naturales del territorio–. Nos fuimos el 20 de mayo, que se celebra todos los años la primera acción armada del POLISARIO –Único partido que les representa–. Ese fue el más duro de todos los viajes al Sáhara que he hecho, pues durante doce o quince horas diarias permanecíamos en el coche todo-terreno sin aire acondicionado atravesando el desierto a casi 50º a la sombra. Íbamos camino de Tifariti –ciudad que se encuentra en los territorios liberados–. En el camino paramos en Bir-lehlu –una antigua dependencia militar– para coger más agua. El calor dentro del coche era tan sofocante que el agua se convertía en caldo en pocos minutos. Los camiones frigoríficos que esperaban al convoy necesitaban tiempo para enfriar el agua que traían, y permanecíamos esperando tanto rato que nos parecían horas. Un día mientras esperaba, decidí darme una vuelta por esa especie de colegio cerrado, y en una de las habitaciones vi a una familia saharaui sentada tomando té. Había una niña de unos cinco años a la que le pregunté si tenía agua. Ella no entendía mi idioma así que se lo dije por gestos, enseguida me contestó que no tenía y yo le hice el rictus de llorar de pena y me fui. Al cabo de un rato y mientras seguía la espera a que abrieran los camiones, apareció la niña con una botella de agua medio llena y por supuesto caliente. Me la ofreció y le dije: ¿Es para mí?, ella asintió y me regaló una pulserita de goma de esa típica artesanía que hacen ellas mismas. Le pregunté su nombre: Fatimetu –me contestó–, le di un caramelo y un beso, –era todo lo que tenía– y se marchó. A los pocos minutos abrieron los camiones y toda la delegación se abalanzó sobre las botellas de agua como si realmente fuéramos refugiados. Cada vez que pienso en Fatimetu veo más la necesidad de sacar a los niños y niñas de allí, en verano a través del programa Vacaciones en Paz. Ningún niño debería estar expuesto a esas temperaturas tan extremas. 

En Diciembre del 2005 se planteó la idea de ver amanecer el año nuevo en el desierto. Parecía algo más tranquilo y lo único que tenía que hacer era presentar la gala de Noche vieja. Me enrolé y tuve tiempo para recorrerme el campamento y darme cuenta de la cantidad de cosas nuevas que los saharauis han ido creando poco a poco. Había restaurantes que ofrecían plato único: ración de pollo con patatas y un par de bebidas: Meca cola o Mirinda. Me bañé en un Hammam recientemente inaugurado y estuvimos recorriendo las tiendas de la calle principal de Smara y un colegio para niños con discapacidad mental. Cuando llegó la noche de fin de año, doscientas personas acudimos a la dunas y bajo las mismas inmensas jaimas de mi primer viaje, nos tomamos las uvas al son de las campanadas que hacían sonar en un deteriorado pianito eléctrico. A aquel viaje le han seguido unos cuantos festivales de cine más, los últimos en el campamento de Dajla –el más lejano y el que tiene menos recursos– y me quedo con la imagen de los niños corriendo tras la polvareda que dejan los todo-terrenos formando convoy. El día que te marchas esa imagen se hace más fuerte pues a medida que los coches avanzan, la silueta de los niños y niñas cada vez va siendo más pequeña hasta que desaparece. Como si la tierra se tragara poco a poco las jaimas, las cabras, la gente… y llega un momento que no queda ni rastro de Dajla, mientras la voz de los saharauis te martillea la mente: “No nos olvidéis”. En ese momento ya sólo queda su recuerdo en una nebulosa, como si todo hubiera sido sueño. Lo siguiente: La T4,  Barajas, Madrid. ¿Como es posible que estando tan cerca estemos tan lejos?

Han pasado diez años más y todo sigue igual, 37 años resistiendo mientras el resto del mundo mira hacia otro lado. Hace cuatro años decidí traerme una niña saharaui a pasar los meses de julio y agosto conmigo. El martes pasado volvió a lo que será su último verano en España –pues al no tener pasaporte, a partir de los 12 años ya no pueden desplazarse. Literalmente “no existen” –  y con ella toda la realidad saharaui se hace nuevamente palpable; el sufrimiento en su cotidianidad y la normalización del abandono por países y políticos implicados en un conflicto donde utilizan a seres humanos como moneda de cambio. Pero para las personas que hemos vivido esa realidad, el conflicto saharaui tiene caras y nombres de los que nunca podremos deshacernos pues se nos han metido en el alma: Fatimetu, Somalo, Ahmed, Aminetu, Sheina, Sidahmed, Sahara, Hertru, Abdulá, Envoirik, Larosi; Brahim, Nass, Nasija, Hira, Abdelaziz, Salka, Marian, Hamudi, Mariem, Mohamed…

¿ Conoces a alguien que haya traído algún niño saharaui a pasar las Vacaciones en paz?




lunes, 17 de junio de 2013

EL TRABAJO INFANTIL EN CORTO






El día mundial contra el trabajo infantil fue el pasado martes, ya que el 12 de junio de cada año se denuncia la situación de 215 millones de niños en todo el mundo. Con el objeto de concienciar a la opinión pública sobre la realidad del trabajo infantil en la región latinoamericana, y dar voz y visibilidad a aquellos proyectos cinematográficos y realizadores sensibilizados sobre este problema, la Fundación telefónica convocó un certamen de cortometrajes documentales bajo el título: Fundación Telefónica Documenta. Con el propósito claro de que haya una persona concienciada en el mundo por cada niño trabajador.

El pasado 5 de abril el comité de selección eligió a los ganadores: “Las voces pequeñas” de Lina Badenes y Mariona Guiu, rodado en Guatemala, “Pescadores de lápices” de Yeiner Vargas Barlis y Kelly Reyes, rodado en Colombia y “Los hijos del Ayllu” de Mario Torrecillas y Natalia Pérez, rodado en Perú. Los tres equipos seleccionados viajaron a aquellos países donde produjeron y filmaron sus cortometrajes con el apoyo financiero de Fundación Telefónica.

         El mismo día de la conmemoración se estrenaron los tres ganadores del concurso en el Espacio Fundación Telefónica situado en la Gran Vía madrileña, quedando así inaugurada la primera edición de un certamen que promete ser social y querer visibilizar aquellas injusticias que se comenten en los países Latinoamericanos.

Lina Badenes y Mariona Guiu recogen en “Las voces pequeñas” la experiencia de los talleres audiovisuales que realiza un grupo de chavales del departamento de Sololá, en Guatemala, a manera de retrato coral en cuya realización han participado los propios niños y niñas. Así, los talleres proporcionan el telón de fondo en el que se desarrollan las historias generadas por sus protagonistas: los niños han rodado y hablado de sus inquietudes, haciendo a la vez de actores y actrices para que el cortometraje final recogiera el fruto de ese proceso.

“Pescadores de lápices”, de Yeiner Vargas Barlis y Kelly Reyes, cuenta la historia de Daniela, una niña de 12 años que quiere ser artista, y sin embargo se levanta de madrugada para ayudar a pescar a los hombres de un corregimiento del norte de Colombia. El colegio le propone tanto a ella como a sus compañeros de pupitre la creación de un cuento inspirado en su propia niñez como alternativa a las horas de trabajo a las que están habituados. Los cinco premios al mejor relato son unas entradas de cine en la ciudad de Santa Marta. A través de la historia de Daniela el espectador descubrirá a otros niños y niñas que también trabajan, algunos solo uno o dos días, otros toda la semana. La protagonista se debate así entre ganar el concurso escolar como escritora o levantarse cada día a pescar.

Por último, “Los hijos del Ayllu” es una coproducción documental y de animación hispano peruana, coordinada por los colectivos PDA (España) –Mario Torrecillas y Natalia Pérez– y La Combi (Perú), que se centra en la vida de un grupo de niños y niñas del poblado quechua de Auquimarca (Andes, Perú) que cuenta su propia visión del mundo y la realidad en la que viven a través de las imágenes que ellos mismos han grabado, los dibujos que han animado y las historias que han dado a conocer. Sus protagonistas son menores en edad escolar que compaginan las tareas del colegio con trabajos realizados como adultos, y las labores domésticas en su propio hogar (cuidan a sus hermanos menores, lavan la ropa y cocinan) con diferentes tareas agrícolas (cultivan, siembran y riegan).

Si algo tienen en común los tres documentales -aparte claro está del trabajo infantil-, es el premio que se les ofrece a los niños y niñas ganadores del concurso de cada historia. Pues la recompensa por participar en los talleres de las tres películas, siempre tiene que ver con el cine. Y además al finalizar las grabaciones se les obsequió dejando las cámaras, trípodes y todo el material audiovisual que se empleó. Para que con lo aprendido pudieran empezar a contar ellos mismos sus propias historias.

Pinchad en el título debajo de la foto, porque ahí os dejo el link para que podáis ver estos tres cortometrajes y os emocionéis -al igual que me pasó a mí-, disfrutando de la ingenuidad y la sabiduría de los niños y niñas de Latinoamérica, así como de la música en “Voces Pequeñas” creada con la sensibilidad del músico Alejandro Martínez.

No estaría de más que la divulgación de este trabajo llegara hasta la mirada de nuestros niños europeos, para que entiendan que en otros lugares del mundo hay niños como ellos que sufren día a día, teniendo que renunciar a sus sueños y a veces a sus propias vidas. No olvidemos que la esclavitud, la prostitución y el tráfico de drogas son las causas más numerosas de explotación infantil.

Y ahora la pregunta de la semana:

¿Qué crees que podrías hacer tú como ser humano individual para intentar erradicar el trabajo infantil en el mundo?