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lunes, 12 de octubre de 2015

CONSUMO RESPONSABLE

ELVERDADERO COSTE

¿Te has planteado alguna vez porqué es tan barata la ropa que compras en las grandes cadenas de moda como: Zara, Pull&Bear, Massimo Dutti, Bershka, Stradivarius, Oysho, Zara Home, Uterqüe, H&M, Mango, Fórmula Joven (El Corte Inglés), Emidio Tucci, Yera, Cortefiel, Primark, etc?

El negocio internacional de la industria textil, ha crecido desmesuradamente en la últimas décadas, debido a la demanda de occidente por consumir moda rápida de usar y tirar (fast fashion). Los precios se vuelven cada vez más competitivos con lo que las multinacionales aprietan en la negociación con las fábricas de ropa para sacar más productos en menos tiempo, ajustando los presupuestos.
Las empresas presionan a los productores para que fabriquen un elevadísimo número de piezas en un plazo muy corto. Las exigencias de las firmas de producir gran cantidad de ropa en el menor tiempo posible provocan que el proveedor, que no quiere perder el pedido, subcontrate, a su vez, parte del mismo con fábricas de segunda fila.



Si te paras a pensarlo, es prácticamente imposible que un vestido cueste diez euros o menos, cuando tan sólo la tela ya vale eso. Si además te preocupas en leer las etiquetas, verás que estas prendas están fabricadas en India, China, Bangladesh, Marruecos, Turquía...
Atando cabos, no es muy difícil llegar a la conclusión que para que el precio de venta al público sea de saldo, los costes de fabricación deben ser ínfimos, con lo que es imposible que paguen dignamente a los seres humanos que confeccionan todas esas prendas.
El 80% de estos trabajadores son mujeres con lo que se produce una feminización de la pobreza y en Marruecos miles de niñas se incorporan en vacaciones a las fábricas, haciendo el mismo trabajo que las adultas pero cobrando el 40% del salario, así que ahí además se da la explotación infantil.

 En esos países cientos de miles de personas aún teniendo trabajo, o quizá por eso, son infinitamente pobres.
Bangladesh es el paradigma de esta situación, tiene los salarios más bajos, por debajo de los 40 dólares al mes por jornadas de más de doce horas diarias en la mayoría de los casos y de seis días a la semana.
Las condiciones de trabajo son infrahumanas, las trabajadoras cosen las prendas en locales que no disponen de las más mínimas condiciones higiénicas ni de seguridad. No les pagan las horas extras. Son muy comunes los abusos sexuales y los abusos de poder. Les retienen la parte correspondiente a la seguridad social, pero nunca llegan a darles de alta y se quedan ese dinero. Existe represión sindical y persecución a las empleadas que intentan organizarse, hay listas negras que se pasan las empresas con las personas que han generado problemas sindicales y nadie las contrata.
Utilizan materiales tóxicos para el tratamiento de las prendas, como el que se usa para la decoloración de los pantalones vaqueros; el 'sandblasting' que consiste en aplicar chorros de arena para que parezcan envejecidos. Esta labor la hacen sin protección y tras la inhalación diaria de esta sustancia, provoca graves enfermedades respiratorias, de piel, pulmonares como la silicosis, o incluso cáncer y en mujeres embarazadas llega a generar malformaciones fetales.



Todo esto lleva a tales condiciones de esclavitud, que ha llegado incluso a causar la muerte de los trabajadores.
Uno de los accidentes más graves vivido por la industria textil en los últimos años fue el de Rana Plaza en el año 2013, donde se alojaban cuatro fábricas de ropa en Bangladesh, y en el que fallecieron 1.130 trabajadores y otros 1.500 resultaron heridos debido a las pésimas condiciones de los edificios.
La tragedia de Bangladesh y el incendio de ese mismo año en otra fábrica de Dacca son nada más que una llamada de atención a lo que está ocurriendo, porque sigue habiendo un goteo continuo de muertes año tras año por la falta de seguridad en los talleres.


Lo que es inadmisible es que en pleno siglo XXI todavía exista la esclavitud, y el fenómeno de la moda rápida es un claro ejemplo de que occidente sigue esclavizando a oriente.
Además, todo esto tiene un alto coste medioambiental pues hay un uso indiscriminado de pesticidas e insecticidas en los cultivos de algodón, así como el aumento de cultivos transgénicos y los 7.000 litros de agua que se invierten en producir un vaquero.

De esta situación tan problemática habla la película “The true cost” (ganadora del premio del Jurado). Es un documental que se estrenó la semana pasada en la Cineteca del Matadero de Madrid, dentro del programa de actividades que presentaba el 1er Festival de cine sobre progreso sostenible de la Comunidad de Madrid ANOTHER WAY FILM FESTIVAL.


El objetivo de este festival es dar a conocer largometrajes –seleccionados por su calidad y contenido–, basados fundamentalmente en los tres pilares de la sostenibilidad: social, medio ambiental y económico.
Desde allí nos proponen tomar conciencia con nuestro consumo y a no ser cómplices de la barbarie. Nos alientan a que consumamos en tiendas de comercio justo, haciéndonos ver que lo barato, sale muy caro y que es preferible comprar tan sólo una cosa más cara, que diez cosas baratas.
Nos hacen pensar en la manera compulsiva que tenemos de consumir y hacen especial hincapié en el slow life.
Intentan concienciar en la reutilización de los productos y en la compra en mercadillos de segunda mano.
Según su directora Marta García Larriu Así fue la acogida del Festival:
“Es alentador ver la de personas que están interesadas, y preocupadas, que quieren saber mas sobre la sostenibilidad y sobre otra manera de hacer las cosas. El aforo de nuestro festival estaba casi lleno en varias sesiones, en las actividades lúdicas relacionadas con el tema se puso el cartel de “completo” semanas antes del evento. La participación del publico en los debates fue algo realmente inaudito, en el caso de las directoras de la película “Stop! Rodando el Cambio” se quedaron en La Cantina (restaurante contiguo a la Cineteca) haciendo mesa redonda mas de 2 horas por el interés que tenían las personas en conocer mas a fondo el sistema de eco aldeas.
Gema Gómez, directora de Slow Fashion Spain,  que hacía su ponencia al fin de un día largo, mantuvo la atención de la sala hasta el final. El post de recomendaciones elaborado en colaboración con AWFF obtuvo mas de 900 visitas en las pocas horas que siguieron la película.
Fernando Prieto, del Observatorio de Sostenibilidad, nos fascino hasta que literalmente nos tuvieron que echar de la sala.
En cada sesión se nos acercaban varias personas a pedir mas información y también a compartir sus miedos y los esfuerzos que hacen por sumar e impulsar este cambio hacia una vida mas sostenible, en los grupos a los que pertenecen.
Hoy nos hemos despertado con un sin fin de comentarios y felicitaciones en redes sociales que nos ayudan mucho para impulsarnos al año que viene.
Como intuíamos hemos dado con una necesidad social que no estaba cubierta en Madrid: un punto de encuentro para disfrutar, sensibilizarse, informar, aprender y debatir las formas de cambio para una sociedad sostenible, a través de un cine-documental de calidad, charlas por expertos y actividades lúdicas para dar un paso mas en el camino.
¡¡Os esperamos el año que viene!!”



Una vez destapada la caja de pandora, ya no se puede mirar a otro lado mientras se compra en empresas que no respetan los derechos humanos, pues cada pieza que te llevas a casa, tiene su valor en metálico y otro valor humano tal vez teñido de sangre. Eso hace plantearte que cada camiseta que cuesta un euro sale carísima.
Y de pronto te sientes cómplice de esas muertes pues si todo esto existe, es porque tú compras.
Mientras se compren diariamente trapos de colores para usarlos y tirarlos con la alegría del que no sabe cual es el verdadero coste, el tercer mundo seguirá sufriendo la frivolidad del primero hasta que este no se pare a pensar que cuando toca esas prendas puede que sus manos se queden para siempre manchadas de sangre.


¿y tú, seguirás siendo cómplice?

lunes, 8 de junio de 2015

CRONTRA VIENTO Y MAREA


Si puedes mantener la cabeza cuando todos a tu alrededor pierdan la suya y te culpen por ello;
Si puedes confiar en ti mismo cuando todos duden de ti,
pero admitas también sus dudas;
Si puedes esperar sin cansarte en la espera, o, siendo engañado, no pagar con mentiras, o, siendo odiado, no dar lugar al odio, y sin embargo no parecer demasiado bueno, ni hablar demasiado sabiamente;
Si puedes soñar y no hacer de los sueños tu maestro;
Si puedes pensar y no hacer de los pensamientos tu objetivo;
Si puedes encontrarte con el triunfo y el desastre y tratar a esos dos impostores exactamente igual;
Si puedes soportar oír la verdad que has dicho,
retorcida por malvados para hacer una trampa para tontos, o ver rotas las cosas que has puesto en tu vida, y agacharte y reconstruirlas con herramientas desgastadas;
Si puedes hacer un montón con todas tus ganancias
y arriesgarlo a un golpe de azar, y perder, y empezar de nuevo desde el principio y no decir nunca una palabra acerca de tu pérdida;
Si puedes forzar tu corazón, nervios y tendones
para jugar tu turno mucho tiempo después de que se hayan gastado, y así mantenerte cuando no quede nada dentro de ti excepto la voluntad que te dice: “¡Resiste!”
Si puedes hablar con multitudes y mantener tu virtud
o pasear con reyes y no perder el sentido común;
Si ni los enemigos ni los queridos amigos pueden herirte;
Si todos cuentan contigo, pero ninguno demasiado;
Si puedes llenar el minuto inolvidable con un recorrido de sesenta valiosos segundos.

Tuya es la Tierra con todo lo que contiene, y lo que es más importante ¡serás PERSONA, hijo mío!”

Rudyard Kipling,
Poeta, periodista y novelista inglés ((Bombay, 30 de diciembre de 1.865 – Londres, 18 de enero de 1.936). Premio Nobel de Literatura 1.907.

       Kipling escribió este texto en la Inglaterra de la época Victoriana, en 1.895, donde a las mujeres –aunque consiguieron algunos derechos como el divorcio–, se les prohibía la entrada en los clubs privados –diseñados tan sólo para hombres–. Por aquel entonces las Sufragistas Británicas –consideradas de las más combativas–, luchaban por el voto femenino, que no vio la luz hasta el año 1.918, y tan sólo para las mujeres mayores de 30 años.
En aquel momento Kipling no se podía ni imaginar que un par de siglos después, su IF se habría traducido a varios idiomas y seguiría vigente, alentando en la lucha diaria tanto a hombres como a mujeres de todos los rincones del mundo. De haber sabido que esto sería así, estoy completamente segura que Joseph Rudyard Kipling habría cambiado la palabra “hombre” por la de “persona” al final de su poema, tal y como yo he hecho.

       Un ejemplo viviente de cada párrafo de este texto, son las mujeres y hombres de Folkarria. Gente que se ha unido
 horizontalmente en el trabajo, en pos de un sueño común.
       Folkarria es un festival de Bal Folk autogestionado que ya va por su quinta edición. No tiene patronos ni patrocinadores, los propios organizadores son los que rascan sus bolsillos para que cada año esta fusión de danzas y conciertos puedan ver nuevamente la luz. Ni siquiera el ayuntamiento de Torres de la Alameda en la Alcarria madrileña –que es donde se desarrolla–, les echa un cable. Lo máximo que se implica la concejalía de cultura es haciéndoles una rebaja en el alquiler del Recinto Ferial.
Este eco Festi–bal –como ellos lo denominan–, pretende recuperar y difundir tanto las danzas tradicionales como la música folk europea, haciendo de ellas un instrumento para la integración de diferentes culturas, combinándolas con acciones de sensibilización ecológica y consumo responsable, además de una serie de actividades participativas para adultos y niñ@s. Hay una cuidada selección musical del folklore español tradicional para todos los públicos, con conciertos de grupos nacionales e internacionales. Además, hay talleres de instrumentos, de danza, de voz para adultos y de juego, arte, y movimiento para niñ@s.


El festival ofrece paralelamente un mercado eco-solidario, feria de artesanía, espacio para debates, exposiciones y otras actividades. Un año más, se puso en marcha el Concurso Folkarria de música y baile para grupos noveles, dando así la posibilidad a los ganadores, de actuar en el mismo escenario que artistas consagrados en la edición del año siguiente.

Hay una zona de acampada –acondicionada con todo lo necesario– para vivir el festival los tres días que dura. Y así poder compartir con personas provenientes de toda Europa. A la hora de las comidas, se puede elegir entre alimentos ecológicos o, además veganos. Pudiendo degustar una variada selección de recetas de cocina que se encuentran en perfecta consonancia con la naturaleza.
En Folkarria se fomenta el reciclaje de basuras, la limpieza de las instalaciones (todo un ejemplo los baños públicos), y el compartir los recursos para contribuir al respeto por el medio ambiente. Grandes carteles anuncian los coches que llevan sitios libres para no contribuir al exceso de polución en las ciudades.
      
Al igual que Kipling con su If, Joe Darion, letrista del musical El Hombre de la Mancha, y su compositor Mitch Leigh, hicieron famosa por todo el mundo en varios idiomas la canción El sueño imposible.
Desde aquí quiero dedicarles esta versión de los dos textos interpretados por Nati Mistral para que nunca desfallezcan en su intento de seguir cambiando el mundo a través de los sueños casi imposibles.
Para ell@s: Tamara, Diego, Sonsoles, Fabio, Sonia, Raúl, Alicia, Miguel Ángel, Esther, Xavi, Gema, Juanra, Sara…


¿Crees que hay que luchar por los sueños hasta el final?